21 de noviembre de 2009

En el nombre del Padre,

Del hijo,

Y del espíritu Santo, amén.

Padre guía mi mente y mi mano para escribir lo que la gente pueda necesitar saber de mí…

 

… Cuándo iba yo a imaginar que iba a escribir para la página web de la Agrupación de Padres SXF, a la cual pertenezco.  Y no como una experta o una estudiosa de…  Sino, como una portadora con un hijo afectado.

Lejos el papel más difícil que me ha tocado vivir…  Es que un hijo es lo más preciado para una madre.

Cuando Sebastián nació yo tenía 18 años y estaba en el colegio.  Quizás alguien más habría pensado en no tenerlo pero esa idea jamás pasó por mi cabeza.

Fui una mamá joven y soltera.  La vida me había cambiado del cielo a la tierra.  Y con un bebé que lloraba noche y día.  Y que dormía sólo unas pocas horas al día cosa difícil de compatibilizar con los estudios pero que logré gracias al apoyo de mi familia que siempre ha estado conmigo.

Como yo no tenía recursos,  los doctores eran “a la suerte” y para todos los Dres.  que vimos Sebastián era normal aunque los trastornos de sueño eran evidentes e incluso su retraso, puesto que caminó recién al año siete meses.

Para todos era sólo un bebé regalón hasta que llegó al colegio.

Se “adaptó” después de dos semanas de llantos incesantes.  Era un colegio “normal” y caro.  Pues yo estaba dispuesta a trabajar sólo para darle una educación y fuera un buen profesional en el futuro.

A los seis meses de clases me llama la dirección del colegio para decirme que Sebastián no iba al ritmo de sus compañeros.  Que creían que necesitaba un colegio más pequeño.  

De inmediato me negué a esa idea.  Les dije que trabajaríamos juntos. Que me comprometía absolutamente para lograr que Sebastián se nivelara.

Hasta que un día,  Sebastián me dijo que dibujaba feo y que todos sus compañeros se lo decían.  En ese momento, me di cuenta que tenían razón.  Y que esto lo estaba afectando.  Que se estaba frustrando.

Ese fue el comienzo de mi búsqueda… psicólogos, neurólogos, scanner, etc.  Hasta que una neuróloga me derivó al INTA donde diagnosticaron el X-frágil y único caso en Chile Prader Willi like.  Es decir, con características de otro síndrome llamado Prader Willi lo que lo hace un “obeso mórbido crónico” con posibilidades de desarrollar cualquier enfermedad derivada de la obesidad como diabetes, problemas de colesterol, problemas a los huesos o al corazón, etc.

Y como si esto fuera poco.  Todo esto lo había heredado de mí.

Lloré, sufrí, parecía que el corazón se me destrozaba.  Renegué contra ese Dios bueno en el que siempre había creído.  Me enojé con la vida.  Y sobre todo, me sentía sola, muy sola.

Pero con el tiempo empecé a entender.  Yo siempre le pedí a Dios que me dejara saber cuál era mi propósito en la vida.

Creo que somos demasiado básicos para entender la sabiduría divina de Dios. Todo ocurre por y para algo.

Con este dolor he comprendido que la vida es mucho más simple y más importante que el dinero, que un título profesional, que la apariencia física o que aparentar ante los demás.

Hoy me he dado cuenta que Dios puso un Ángel en mi vida que me hizo aterrizar para ver lo esencial de vivir.

Hoy mi propósito para mi Sebastián se ha simplificado.  Hoy sólo espero que sea feliz por todo el tiempo que Dios le permita estar a mi lado.  Y solo espero que deje este mundo antes que yo.

Cada día él me entrega su dulzura, su alegría, su cariño, sus piropos, su simpatía, su luz…

Hoy ya no sé qué es lo “normal” o lo “especial” no sé si los “normales” son los demás niños o mi Sebastián.  No sé si los retrasados son los peques con x-frágil o el resto de la gente que no logra comprender.

Quizás todos debiéramos ser capaces de expresar tanto amor.  Ese amor puro, sin pudores y con la inocencia más absoluta que los niños y jóvenes x-frágil pueden dar.  Quizás si todos fuéramos como ellos este mundo sería mucho mejor de lo que es hoy.

Hoy doy gracias porque veo la vida de una forma distinta a lo superficial que solía ser y puedo “predicar” mi experiencia a quien creo necesita una razón, un por qué… a aquellos que se ahogan en un vaso de agua por cosas cotidianas sin importancia.

Hoy doy gracias a esta X que condicionó mi vida porque he tenido la oportunidad de conocer a personas maravillosas y he podido distinguir entre la multitud a los amigos de verdad. Que son menos de los que creía pero valen por un millón.

Creo que aprendí la lección porque Dios me ha premiado con un segundo hijo que ya está por cumplir un añito.  Que vino a este mundo sin previa programación pero siempre estuve dispuesta a recibirlo como fuera que viniera sin sentir temor.  Y ya lo ven, es “normal” pero le enseñaré a apreciar lo esencial sin necesidad de sufrir como lo hice yo.

Por último, no puedo dejar de agradecer a Luz Maureira a Paula Kangiser.  A las doctoras del INTA: Fanny Cortés, Lorena Pizarro y María Angélica Alliende.  Todas ellas que se han convertido para mí en la luz al final del túnel.  Gracias por todo.

 

Con Cariño y desde el alma,

Marilyn Ulloa