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Educación De Calidad

La dirección de la educación, no proviene de los centros y de los profesionales, sino que proviene de las expectativas y de los intereses legítimos y de las preferencias que tengan las propias personas para su vida, para su proyecto de vida y para su proyecto de futuro. Por lo tanto, cuando se habla de calidad en la enseñanza, se habla de algo más que de aspectos gestores de la enseñanza y de los que son los procesos educativos que se ponen en marcha.

Lo primero es contemplar claramente que estamos hablando de personas, por encima de las discapacidades, de niños en este caso en edad educativa.

Hace tiempo se pensaba que lo que más se podía hacer con estos niños, que lo único que se podía hacer con estos niños, era atenderles asistirles desde nuestra buena intención y desde nuestra moralidad. A partir de ahí pasamos a entender que los teníamos que educar y que era un derecho importante de las propias personas la educación.

Un punto esencial es que el ser humano es tal, en cuanto se construye de manera compartida su desarrollo. Nadie puede construirse en persona en aislamiento, nadie puede construirse sin la interacción de otro ser humano, y por lo tanto, la personalización y la socialización a través de la educación, ha de ser contemplada no desde la persona en aislamiento en el aula, sino en el proceso de diálogo y de la interacción con los adultos significativos, que tienen la competencia suficiente para guiarlos.

Pero hay otra esencialidad en el ser humano, que permite otra mirada a la discapacidad y es el afecto. Nadie puede construir su capacidad si no es con el afecto y con la emoción compartida y expresada con el otro.

Otro aspecto fundamental de la esencialidad del ser humano y que conlleva una intención diferente en la educación es el poder. No es posible ser persona si no es con la consideración y con la percepción clara de que tenemos poder sobre el otro. Si el fin último de cualquier educación y de la calidad de la educación, está en conseguir la autonomía esencial, si el fin último es el autocontrol, deberíamos ser conscientes de que el autocontrol solamente se consigue a través de dos vías esenciales en el desarrollo desde el nacimiento y son: entender que el otro ser humano me controla, pero entender que yo también puedo controlar al otro. Si uno de estas dos fallas no podemos conseguir el autocontrol. Y la educación de las personas con discapacidad intelectual ha estado basada en controlarles desde fuera por su bien, en decirles permanentemente de una manera a veces dictatorial, lo que les viene bien, lo que tienen que hacer, porque nosotros somos los que sabemos y porque ellos tienen que ajustarse a lo que es nuestro gran conocimiento técnico o nuestro conocimiento social.

En el desarrollo humano, no se es más humano por tener más inteligencia, pero si por tener más capacidad de interacción, o más posibilidad del entorno de propiciar la interacción, aunque uno no tenga la capacidad, de tener un entorno bañado en el afecto y en la emoción y más capacidad de poder y de entender que se puede afectar al entorno en el que uno vive y si no, no hay educación que valga.
Y todo esto porque hay que hacer que la educación permita a toda persona con discapacidad, menor o mayor, con independencia de su grado de discapacidad, que sea un proceso de avance permanente hacia la integración plena a la sociedad. Entendiendo esto último como la pertenencia a un sistema social, mentalmente incluido en él, con la participación en este sistema y con los derechos que corresponden a ese contexto y a ese escenario.
Hay que intentar hacer desde la educación, que la persona deje de ser espectador o paciente pasivo, a ser agente actor en la construcción de su vida, con las personas a su alrededor, familiares o amigos que piensen en su mejor interés y que poniéndose en su lugar vean y proyecten lo que sería su vida y querría ser su vida en el futuro. Por lo tanto hay que entender la educación mucho más que como una mera atención basada en lo que sería la enseñanza de habilidades. Todo esto para aumentar la calidad de vida y para que sea feliz, una felicidad basada en vivir como uno mínimamente ha intentado querer vivir.

Por otra parte, muy importante son los intereses legítimos y las expectativas y sueños en la vida del niño y de su familia. A partir de aquí detectar lo que serían los niveles más claros de apoyo, para intentar que logren esos sueños, que hagan realidad sus ilusiones, como cualquier otra persona, con independencia de que luego no siempre se tiene éxito como cualquiera en la vida. Se deben reducir los síntomas que estén obstaculizando o interfiriendo con esos sueños y con esas prioridades.

Con este modelo de calidad se intenta que todas las entidades educativas, sean verdaderas fábricas de calidad de vida. Es importante tener en cuenta que hay que apoyar a las personas con discapacidad y a su familia, para que sean los primeros constructores de sus proyectos de vida, para que su vida no esté dictada por la buena intención de los profesionales, si no que sea participada con los profesionales y no por los profesionales.
Los resultados que se quieren obtener son resultados más allá de la eliminación de síntomas o del aumento de capacidades, son resultados anclados en la calidad de vida, son resultados personales.

Métodos mágicos para hacer todo lo anteriormente mencionado evidentemente no existen. Pero si sabemos que algunas cosas pasan por la esencialidad del trabajo en equipo. En la educación no se puede funcionar individualmente, requiere un liderazgo compartido, no solamente por los profesionales, sino por las familias y requiere por lo tanto, que las familias como partes interesadas estén introducidas realmente en lo que es la gestión de la educación.

¿Dónde se debe hacer la inclusión? La escuela no se reduce a los muros de la escuela, la escuela está en la ciudad, la escuela es el parque, la escuela es el gimnasio, las calles, las tiendas y por lo tanto, la inclusión descansa no en la existencia de alguien físicamente incluido en un entorno, si no en la existencia de incluido realmente en la mente del otro y en las relaciones significativas con el otro.

Los indicadores de la inclusión no van por el número de niños incluidos en colegios ordinarios, si no por el número de niños con discapacidad que son considerados amigos, personas de referencia, mentalmente incluidos por sus compañeros y por sus maestros, por lo tanto, quizás más que hablar de escuelas inclusivas deberíamos hablar de escenarios sociales y mentales inclusivos.

¿Quién tiene que hacer esto? Los profesionales con una actitud mucho mas basada en compartir y en participar que en imponer y en dirigir desde su sabiduría. Que los profesionales tengan en la cabeza, no la discapacidad y las limitaciones de las personas o sus habilidades si no su proyecto de vida personal. Que se tenga una actitud emocional basada en la interacción, no son expendedores de fichas de educación, son personas mojadas de emoción con el alumno y si no, no se puede educar y en definitiva finalmente, basada también nuestra acción en un compromiso ético.

Los profesionales deben pedirse y exigirse a si mismos, mucho más allá que un pacto profesional con las personas a las que educan, un pacto humano basado en que yo como persona, contigo como persona, estoy aquí para darte ayuda, para intentar apoyarte en tu proyecto de vida y no eres un mero objeto de mi tarea profesional, eres un sujeto claro de relación conmigo y entre los dos podemos construir mejor tu desarrollo.
En definitiva con ello intentaríamos que cada persona avance por el camino que por derecho le corresponde, como parte de la sociedad.
La educación a de dirigirse en cuanto a calidad de vida al logro de ser parte de la sociedad a la que tiene derecho, pertenencia real a la sociedad por parte de todos nosotros y consideración real de los derechos que como seres humanos les corresponden.


Texto extraído de la exposición de Javier Tamarit, FEAPS 2003, Jornada SXF de Madrid.

 

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