La única palabra que nunca está demás decir es Gracias.

Hoy quiero agradecer…

 

Cuando la vida te ha dado un hijo discapacitado, es difícil enfrentar todo lo que va a venir y se hace aún más difícil cuando llega el momento en que este hijo ingrese a un sistema educacional, porque las puertas que golpeas permanecen cerradas o se cierran a medida que vas pasando.

 

A diferencia de otros colegios, el Jardín Infantil Los Ceibos, nos dio una oportunidad, nos recibió con cariño, nos aceptó como familia y nos brindó su apoyo. Al igual que el Colegio Los Ceibos. Muchísimas Gracias. Todos sabemos que no ha sido una tarea fácil, pero las ganas y el empuje de los profesionales y de las tías que han tenido de una u otra manera que ver con nuestro hijo, han hecho posible que hoy sea un niño que ha egresado del jardín Infantil, integrado en el colegio y lo más valioso, es un niño feliz.

 

Gracias a las mamás y papás, por permitir que nuestro hijo compartiera con sus hijos, por invitarlo a sus casas, por el simple hecho de saludarlo, por un gesto cariñoso, por emocionarse algunos de ustedes también con sus avances. Gracias por hacerlo cada día, tal vez ustedes ni siquiera se han dado cuenta de lo importante que ha sido esto para él.

 

Gracias tía Paola, creíste en él y viéndolo como cualquier otro niño lo hiciste uno más. Aprendió de ti más de lo que crees, en muchos aspectos nuestro hijo es tú reflejo. Tu guía firme, fuerte y cariñosa basada en el respeto y amor a los demás, han hecho de él un niño con un lugar, un lugar al cual pertenecer, pudiendo así él también entregar lo que le es propio, particular y único.

 

Gracias a los niños, a los que han sido sus compañeros y amigos; a los que hoy lo son, porque ustedes han permitido día a día, que nuestro hijo sea un niño y disfrute de ello, comparta cosas con ustedes, penas, alegrías, peleas, caídas y mucho más.

Ustedes son su ejemplo a imitar, ustedes son su gran motivación, son su fuerza.

 

Agradezco también a todas las personas que de alguna manera han tenido que ver con nuestro hijo y que lo han mirado como un niño más, con sentimientos, con inquietudes, con sus grandezas y con sus flaquezas y que ha tocado sus vidas, cambiándolas de alguna manera para siempre.

 

Además quiero también dar las gracias a nuestro hijo, David, porque momento a momento nos hace poner los pies en la tierra, nos demuestra que la vida es maravillosa, que los milagros existen, que la felicidad está en las pequeñas cosas, en un saludo, en un cariño o simplemente en disfrutar de una leche y un trozo de pan en compañía de los amigos.

 

Le agradezco a Dios por haber enviado a David a nuestras vidas, mostrándonos su grandeza en él.

 

Luz Maureira, mamá de David.